Al leer “Los botones de mi madre”, no he podido más que acordarme de la mía y de las distintas formas que hay de deshacer una casa.
No siempre se va un padre antes que una madre, de seguro que de haber sucedido así, hoy estarían todos los botones de mi padre en la casa…pero se fue ella. Ella que todo lo guardaba hasta llegar ser un problema, ella que con solo su presencia llenaba la casa de “hogar”. Esa casa que antes era la de mi madre, “voy a casa de mamá”, y ahora es la casa de mi padre…ese hombre que aún no sabe cuanta ternura me provoca y la tristeza que genera a mi corazón con solo verlo. Las madres dejan de ser mujer, para convertirse en esposas y madres, pero los padres no dejan de ser hombres. Es por ese motivo que quedan abatidos, perdidos y solos tras la pérdida de su pareja…ellos no pierden a la madre de sus hijos, ellos pierden a su amante compañera de vida. Quizás ese sea el motivo por el que no desean ver nada de ellas, se sienten que ya no tienen vida.
¿Qué se hace cuando un padre te dice ” no quiero ver nada de ella, tíralo todo”? ¿Qué se hace cuando ese hombre fuerte, esa figura paterna se convierte en un niño perdido y asustado? Haces lo que haga falta para protegerlo, porque en el fondo aunque no seas madre, todas llevamos ese instinto dentro.
Los botones de una madre se pueden tener de muchas maneras, los míos son sus escritos, que leo como si fueran cuentos…a mi niño triste y perdido.

MEDICOACUADROS

vida en botones 2    Deshacer la casa de tus padres es el siguiente escalón a enterrarlos, un duro trago que se hace con una mezcla de ternura, emoción y tristeza infinita. Es rescatar recuerdos, encontrar pequeños tesoros que no recordabas o que ni siquiera sabías que existían. Te sientes como un ladrón abriendo cajones cerrados con llave, como un intruso que husmea en intimidades ajenas. Encuentras tu propio pasado, recuerdos de infancia, la tuya, la de tus padres, incluso la de tus abuelos, mezclados con trazas de tus propios hijos, fotos, dibujos “para la mejor abuela”, tarjetas…. Podrías pasar días, semanas, quieres terminar de organizarlo pero también quieres que nunca acabe, que continúe como metáfora de aquel primer cordón umbilical, como esa última oportunidad de sentir su olor, todavía en los armarios llenos de sus ropas.

En una de esos ratos de lágrimas y de sonrisas, encontré los botones de mi madre…

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