¿Qué hacen cuatro chicas, cuando una de ellas decide anular su boda a tan solo 4 días vista por motivos que hoy aún desconocemos?…se montan en un avión rumbo a la República Dominicana…nosotras lo celebramos todo.

Por fin, después de casi 9 horas de vuelo, aterrizamos en Punta Cana. Las puertas del avión se abren y nos recibe una cortina de humedad que hacen que mi pelo se erize hasta el infinito. Apunto en la agenda de mi memoria, que lo primero que haré será coger cita en la peluquería del hotel para que me hagan las trencitas…ahora entiendo el por qué de ese peinado.

Nos acomodamos en nuestras habitaciones del hotel Natura Park Beach Resort, un hotel totalmente integrado y respetuoso con la naturaleza que lo rodea. Vegetación, puentes de madera para cruzar sus pequeños lagos y muchas, muchas aves…de todos los colores.

Al día siguiente, nuestra primera visita es a los Altos de Chavon, una villa al estilo mediterráneo, tanto que te hace regresar a la Italia del S.XVI…calles y construcciones de piedra, es sin duda La Ciudad de los Artistas, incluso construyeron un anfiteatro. Sin duda un lugar para visitar y su llegada hasta el, toda una experiencia. Las vistas del rio chavon son espectaculares.

Al día siguiente, decidimos que después de toda la cultura del día anterior y sobre todo caminata, nos tomaremos el día más tranquilo e iremos a comer al capitán Cook. Cogemos un aqua-taxi y cual película de James Bond, surcamos las aguas cristalinas hasta llegar a nuestro destino. Lugar típico, con gente de la zona, aunque también demasiado turista para mi gusto. Pedimos lo que se debe pedir…una mariscada de tamaño descomunal (un inciso, he de decir que cuando aterrizas en Punta Cana, lo primero que te sugieren es que tomes solo agua embotellada, ya que nuestros estómagos europeos no están acostumbrados a esas aguas), y de beber, pues litros y litros de coco loco. Todo risas y diversión, baños en un mar que siempre está templado como agua de puchero…hasta que a una de nosotras le desaparece el color de la cara, y luego a la otra, y a la otra y por último a mi. Nunca abran visto andar mas deprisa a cuatro mujeres…se ve, que el marisco no estaba hervido con agua embotellada.

Tras una noche de dormir prácticamente en el baño, decidimos no salir del hotel. Pasamos el día en la playa y mientras estamos charlando, veo unas cabecitas que sobresalen por entre la vegetación, son niños. Me acerco a ellos y casi que salen corriendo, los tranquilizo y me dicen que tienen hambre. Fue el choque con la realidad mas duro que he tenido. Les digo que no se muevan, vuelvo donde están mis amigas y les digo que levanten el culo de la arena, que tenemos trabajo que hacer. Llegamos a uno de las decenas de buffet que están repartidos por el hotel y les digo que cojan comida como si no fuesen a poder comer mañana…miro a Catalina y le hago entender que aunque ella se mantiene del aire y de vino, hay otras personas que sí nos gusta comer incluso mas de una vez al día, cosa que ella no entiende.                                                                                       Llevamos comida como para 3 familias, por el camino de vuelta a la playa, les explico el motivo…Catalina se vuelve para coger un par de hamburguesas más.

Lo sucedido me hace pensar, que sólo nos quieren enseñar la parte bonita, así que decidimos tomar un autobús y visitar Higúey, la ciudad mas cercana. Miguel, nuestro barman favorito, nos avisa de que quizás no sea muy seguro que cuatro mujeres vayan solas por lo que llama a un amigo para que nos espere a nuestra llegada y nos haga de guía. Lo que vemos es a gente feliz, muy feliz dentro de su pobreza. Le pregunto al amigo de Miguel donde va todo el dinero que entra en la República Dominicana y me dice que todo el dinero va directo a Santo Domingo y ya ellos distribuyen. Que injusta es la vida y que impotente te sientes…miles de turistas disfrutando de todo, y a pocos km la realidad.

Nuestros días siguen llenos de actividad, visitamos la isla de Saona, si alguna vez han soñado con autentica arena blanca, estrellas de mar y palmeras que quieren abrazar el mar…esta es la isla. En ella no vive nadie, pero tienen excursiones diarias y montan sitios de comida y bebida para que tu estancia sea mas agradable si cabe…yo, después de mi visita a la ciudad, he de decir que todo tiene un saber agri-dulce.

Llegamos a nuestra última noche…la pasamos con Miguel en su chiringuito de la playa, me encanta conversar con él. Es un chico inteligente, feliz con lo que tiene, sabe que hay más porque lo ve en todo aquel que llega a Punta Cana. No entiende por que metemos el stress y las prisas en la maleta cuando nos vamos de vacaciones. Me dice que ve mucha tristeza en los ojos de los turistas, que es normal, que tenemos todo lo que no necesitamos, que lo que realmente necesitamos no lo tenemos…amor y tiempo.

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Miguel…mucho más que un simple barman
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