Esta mañana, con mi taza de té en mano, echo un vistazo a Pinterest y me encuentro con una foto que me transporta rápidamente a mi infancia.

Los veranos solíamos ir a visitar a mis abuelos paternos. Vivían en un pequeñísimo pueblo minero de la sierra de Huelva. Aún, hoy día, suelo ir con mi padre para visitar a mis tíos y primas.

Mi padre viene de una familia muy humilde, pero dónde nunca ha faltado un buen jamón y olorosos quesos. Es lo que tenían estos pueblos mineros, no había baños pero las despensas estaban siempre repletas. Es como si las prioridades cambiasen dependiendo de donde vives. En sitios más urbanizados cambiamos los jamones por baños, coches, etc. Entiéndeme, es una forma de hablar para intentar explicar por escrito los diferentes tipos de riqueza.

Esos veranos, en los aspectos más íntimos, eran para mí una pesadilla. Yo no venía de una gran ciudad, aunque mis tíos y primas así lo veían, pero en casa teníamos baño y con el tiempo, hasta pestillo. Creo que lo del pestillo fue consecuencia de las temporadas de vacaciones que pasábamos allí.

Hoy, al ver esa foto, no he sentido el pudor que recordaba sentir en los momentos en los que, una abuela pequeñita pero con mucho nervio, nos metía a mis dos primas y a mí, en un barreño exactamente igual al de la foto, y a ojos de quién pudiera pasar. Hoy, al ver esa foto, lo he recordado con mucha ternura y felicidad.

Hay momentos en los que somos tan inmensamente ricos, que no nos damos ni cuenta…

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4 comentarios sobre “El barreño.

  1. En casa de mis abuelos también había un barreño en la azotea de su casa, todos los primos (nietos de mis abuelos) nos bañábamos en él como en la foto. La riqueza, la verdadera, es haberlo vivido. Muchas gracias por la entrada, qué nostalgia.

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  2. Yo me bañaba en el barreño. En casa de mi abuela, donde vivía, no teníamos ni siquiera agua corriente. Había un pozo del que se sacaba el agua para fregar y para lavarnos. Para cocinar y beber había que ir a la fuente. Y ahora, si un día nos cortan el agua un ratito, nos parece que no podemos vivir…
    Un abrazo.

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