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Carta a Mamá.

¡Hola Mamá!

Son tan extraños mis sentimientos y van cambiando con el paso de los días. Lo primero que sentí fue negación, incredulidad, casi al mismo tiempo sentía culpa…sí Mamá culpa, sentía que de alguna forma pude haber hecho mas, podría haber evitado el fatal desenlace.

Y ahora 20 días después, me encuentro leyendo todos tus escritos, poemas, sueños, miedos e inseguridades…y no sabes dentro de mi tristeza, cuanto me alegro de tenerlos. Lloro, río y me asombra lo que me parezco a ti…también me da mucho miedo, pero quizás gracias a ellos te pueda entender mejor y me pueda entender mejor.

¿Sabes Mamá?, no recuerdo si alguna vez fuimos a tomar café juntas fuera de casa, o de compras. Me daban tanta envidia mis amigas y compañeras cuando las veía pasear con sus madres que cuando iba a casa a desayunar o tomar café contigo, casi siempre acababa enfadada  por no poder hacer esas cosas tan corrientes contigo. Los recuerdos que tengo de hacer cosas juntas son de muy pequeña, pero no tengo recuerdos de dos mujeres (madre e hija) adultas compartiendo un día de chicas…y me enfado, y me pregunto por qué Mamá, ¿por qué no pusiste remedio cuando estabas a tiempo? ¿por qué al perder a tu padre hace 30 años hizo que te encerráras en ti y de algún modo pasamos a un segundo plano? perdóname, pero es así como lo siento. Empezaste a escribir en ese momento, la pena te embargó y se adueñó de ti, comenzaste a expresar tus sentimientos en cualquier trozo de papel, es algo que tenemos en común, se nos da mejor escribir nuestros sentimientos que decirlos…quizás si yo hubiese sido mayor podría haber estado ahí para escucharte.

El destino ha hecho que yo te pierda a ti casi a la misma edad que tú perdiste a tu padre. Quizás tú empezaste a escribir para que yo te pueda leer hoy y de alguna forma cambiar algunos aspectos en mi vida…no lo sé.

Lo que sí haré como homenaje a ti, es tener este apartado para escribir parte de tus pensamientos, sueños, ilusiones e inseguridades…sé que te gustaba la idea cuando te decía: ¡Mamá algún día cogeré todas esas libretas que tienes escritas y las publicaré con faltas de ortografía incluidas! tú me decías que no me olvidara de tus dibujos, que si los hubiese hecho alguien ya famoso estarían en museos…jaja, no sé yo, pero me encantan.

Es curioso como al empezar esta carta la tristeza y el llanto me invadían, y como a medida que he ido escribiéndo se han atenuado…supongo que es lo que tú sentías al escribir, un desahogo necesario.

Te Quiero Mamá.

 

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Hoy

Hoy, 15 meses más tarde, me encuentro con los botones de mi abuela, menos dolorosos y más desgastados que los de mi madre… pero se complementan.

Hoy, 15 meses más tarde, desalojo otra vida de sus pertenencias.

Hoy, me vuelvo a dar cuenta, que nada nos pertenece, que todo se queda.

Hoy, doy gracias de ser yo y no tú quien lo vea… pues es menos doloroso, el dolor de una nieta que dice el último adiós a su abuela.

Ego

Te quieres, pero odias a otros.

Te crees especial y menosprecias a todos.

Aprecias en ti cualidades, que no ves en los demás.

Criticas y ríes, confiado de tu inmensa superioridad.

Pero a menudo olvidas, que es a ti, a quien realmente desprecias.

egocentrismo

 

 

 

Seres excepcionales X: En memoria de Mariano, síndrome de Marfan, una historia de “Universo de esperanza, lucha por la vida” — El tintero

Esta décima semana de andanzas quijotescas en la aventura de combatir la ignorancia me gustaría dedicarla a la memoria de Mariano, hijo de María Julia Spiritelli, un ser excepcional con síndrome de Marfan que dijo basta en octubre de 2014 tras dar batalla con su propio cuerpo al desconocimiento médico durante años, un sacrificio que, […]

a través de Seres excepcionales X: En memoria de Mariano, síndrome de Marfan, una historia de “Universo de esperanza, lucha por la vida” — El tintero

A su debido tiempo.

Para morir lo único que hace falta es estar vivo. Enfrentarse a la muerte de un ser querido, dicen que nunca es fácil, pero sinceramente pienso, que lo que no es fácil, es enfrentarse a una muerte injusta. Una muerte injusta, es aquella que llega antes de lo debido, bien sea por enfermedad o accidente y altera lo que nosotros entendemos como el ciclo natural de los acontecimientos. Unos padres, nunca deberían sobrevivir a sus hijos, pero unos padres tampoco deberían irse antes de tiempo.

Todo estos pensamientos me llevan a vivir el fallecimiento de la única abuela que me quedaba, de una forma calmada, relajada y de alguna forma feliz. Feliz, porque he tenido la inmensa suerte de disfrutarla hasta sus 97 años. Feliz porque tuvo una vida plena, llena de salud. Feliz, porque supo llevar la muerte de su marido, hace 30 años, con una entereza admirable. Aunque en los últimos dos años, haya sufrido la pérdida de dos hijas, su entereza fue siempre ejemplar.

Ayer 14 de Febrero, tu velita terminó de consumirse, y decidiste que era la mejor fecha para decirnos adiós. Tus dos hijos, todos tus nietos, bisnietos e incluso tataranietos, te hemos despedido de forma serena, calmada y sí, de alguna forma incluso felices, porque no hay mayor sosiego que un adiós a su debido tiempo.

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