Reconocernos en el otro.

El ser humano es complejo; como pensamos, como sentimos, las decisiones que tomamos… complejo y fascinante.

Esa complejidad del conjunto, no evita que todos compartamos los mismos sentimientos, quizás en la forma de exteriorizarlos es donde radica las diferencias. Personalmente creo que cada uno de nosotros albergamos en nuestro interior todos esos sentimientos y conductas que vemos en los demás. ¿Cómo si no podemos identificarlos?

Si pienso que alguien es débil, envidioso, maleducado, triste, feliz, cuerdo, loco… es porque yo también lo soy.

Nos es más fácil juzgar al otro que a nosotros mismos, y no es que no conozcamos nuestros mayores defectos, es que no conocemos tampoco nuestras grandes virtudes.

Es ahora, cuando podemos poner en práctica una técnica que no sé si estará en las consultas de los psicólogos…, aprendamos a conocernos, reconociéndonos en el otro.

Empecemos por lo que consideramos defectos. Si pienso que una persona es cobarde, infeliz, envidiosa, es que estoy reconociendo un sentimiento que yo albergo en mi interior, o en algún momento de mi vida, lo he sentido… si no lo tengo en mi, no lo conozco, sería imposible reconocerlo.

Por lo tanto, si pienso que una persona es valiente, feliz, generosa, igualmente estoy reconociendo esos sentimientos porque en algún momento los he sentido.

Conclusión… al juzgar a alguien, nos estamos juzgando a nosotros mismos, al insultarla nos insultamos, al admirarla… nos admiramos.

Si aceptamos la insoportable levedad de nuestro ser, también debemos aceptar la del otro. Ahora bien, si no aceptamos la nuestra… no aceptaremos la de nadie.

Se suele decir que somos la suma de lo que comemos, vivimos, leemos, amamos, y si nos relacionamos entre nosotros…, el otro, también nos suma. Y siempre suma, nunca resta. Resta lo que no vives, no lees, no amas.

Si pensamos de nosotros mismos que no somos ni malos ni buenos, tampoco lo será el otro.

P.D. si no han leído la “Insoportable levedad del ser” de Milan Kundera (1984), os lo aconsejo fervientemente. Lo leí con 15 años y aún pienso que quizás sea el mejor libro que he leído. Los que no seáis de leer o la impaciencia os lo impide, tenéis la película que lleva el mismo titulo del año 1988.

*Alejandro Jodorowsky… ya puedes abandonar mi cuerpo. 😉

 

 

 

 

 

 

 

 

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Existencia… Soledad

“EXISTENCIA”

“- Por qué cree usted que dos personas se casan?

– Pasión?

– Mmmmm… no.

– Interesante, te imaginaba una mujer romántica. Por qué si no?

– Porque necesitamos testigos de nuestra vida. Hay millones de personas en el planeta, qué importa en realidad una simple vida? Pero en un matrimonio lo que prometes es que te preocuparás de todo; de lo bueno, de lo malo, de lo terrible, de lo trivial… Todos los días y en todo momento. Lo que dices es: “Tu vida no pasará desapercibida porque yo me fijaré en ella, tu vida no pasará inadvertida, porque yo me convertiré en tu testigo”.

– Señora Clark, yo tenía razón, es una romántica”.

Este diálogo es de la película “¿Bailamos?”. Una película que he visto varias veces y hasta la semana pasada, que la volví a ver de casualidad, no había captado la profundidad de la respuesta a la pregunta de por qué la gente se compromete a vivir juntos.

El compromiso, la lealtad, el amor… están por encima de la pasión, aunque los primeros, harán lo posible para que esa pasión no muera. Si lo piensas bien, tiene razón, la pasión (sexual) es algo efímero y no tiene porqué ir unido con el amor.

El ser humano necesita del reconocimiento, no ya de sus logros en la vida, sino de su propia existencia. De ahí que necesitemos esos “testigos de vida”, que bien es cierto…es de lo más romántico.

“SOLEDAD”

Esto me lleva a la siguiente película, mucho más compleja y con una moraleja mucho más fuerte:”Requiem por un sueño”.

“¿Si es tan especial? Tú has venido aquí a verme en un taxi ¿Quién tiene el mejor asiento? Ahora vuelvo a ser alguien Harry, todo el mundo me quiere y pronto un millón de personas me verán y también me querrán. Les hablaré de ti y de tu padre, de lo bueno que era con nosotros. ¿Recuerdas? Es un motivo para levantarme por la mañana, para perder peso, para ponerme el vestido rojo y es un motivo para sonreír. Convierte el mañana en algo positivo. ¿Qué tengo yo Harry? ¿Por qué debo seguir haciendo la cama y lavar los platos? ¡Lo hago! ¿Pero por qué debo seguir haciéndolo? Estoy sola, tu padre ya no está, tú no estas. No tengo a nadie a quien cuidar, ¿Qué se supone que tengo que hacer Harry? Estoy sola y soy vieja”. – Sara Goldfarb (Helen Burstyn)

Para los que no habéis visto la película y para que podáis entender un poco mejor este texto, os lo explico.

La película trata de querer cumplir sueños. El de la madre es poder concursar en su programa de televisión favorito y el del hijo y su novia, hacerse ricos vendiendo drogas y con el dinero poder abrir su propio negocio de diseño y moda.

Querer conseguir un sueño a toda costa, se puede convertir en una adicción y las adicciones no son buenas… son una enfermedad.

Me centro en el texto de la madre, porque habla de esa soledad que no elegimos, la soledad impuesta y lo relaciono con el texto anterior, el de la otra película, porque son los grandes miedos del ser humano. Existencia y Soledad.

Necesitamos tener ese “testigo de vida”, para reforzar la idea de nuestra existencia, para ser reconocidos. Cuando ese testigo de vida ya no está y nos encontramos inmersos en esa soledad impuesta, sentimos que en cierto modo, también desaparecemos.

¿Hace ruido el árbol que cae cuando no hay nadie para escucharlo?

Y tú, ¿de dónde eres?

Hace unos días conocí a una persona de 54 años que hacía más de 30 años que vivía en Francia. Dueño de un bar pequeñito, pero con mucho encanto y alma, mas tarde charlando con él, descubriría el por qué.

Durante nuestra estancia en ese maravilloso pueblo, solíamos frecuentar este pequeño bar llamado “La Luna”. Puede ser que de primera me atrajera el nombre (parece que es poner un pie fuera de tu país para que todo te recuerde a él), o quizás hay personas a las que estas destinado a conocer. Ya el primer día que fuimos nos pareció un tío muy majo, lleno de tatuajes, el pelo algo largo, completamente blanco, un pendiente, los dedos llenos de anillos, de mirada y sonrisa amable y sincera. Le encantaba poner diferentes estilos musicales desde su propio ordenador y hacer búsquedas de las canciones que le pedían. Nuestra comunicación fue bastante breve, ya que desafortunadamente no hablo francés (algo que me he propuesto corregir) y él no hablaba inglés (el idioma universal por excelencia).

Una noche en la que no tenía mucho trabajo, salió del bar para fumar un cigarrillo. Mi marido y yo nos encontrábamos sentados fuera en una de las dos pequeñas mesitas que tenía junto a la puerta, tomándonos la copa que previamente nos había servido, mientras charlábamos en español. Se acercó a nosotros sonriente, como de costumbre y nos dijo con acento francés a lo Jean Reno cuando habla español: “¿Hablas español?”. Mi marido y yo nos miramos y comenzamos a reírnos, llevábamos una semana hablando por señas con este hombre. Nuestra sorpresa fue en aumento cuando nos dijo que él también era español… y lo decía con orgullo (tanto, que tenía tatuado en el pecho un toro), aunque ya casi no recordase el idioma español. Lo siguiente que nos preguntó es si conocíamos a la “Niña de Antequera”, lo miré extrañada y asombrada. Entró al bar y la puso a todo volumen, tras una canción le siguió Joselito y yo ya pensé, que se había bajado la discografía entera de Cine de Barrio. Entré al bar con la intención de decirle que todo eso era muy antiguo, de la época de mi abuela, pero al ver las lágrimas en sus ojos, entendí que eso él ya lo sabía. Me miró y con la mano en el corazón dijo en un español ya olvidado por el tiempo: “Gusta mucho”.

Nos dijo, que para él oír esos temas, era como ver a su abuela y a sus padres, y que en un año volvería a España. No sé por qué pensé, que quizás lo lleva diciendo demasiados años. Intentaba explicar las emociones que la música le transmitía y cuando el poco español que recordaba no era bastante para poder expresarse nos decía: “terrible, es terrible olvido español”. A veces, con solo ver a una persona escuchar una música que realmente le gusta, le llega y le llena el alma, no hace faltan palabras. La música sí es el idioma universal.

Me había contagiado de tal modo la nostalgia que sentía, que le pedí me pusiera algo de “Chambao” y “Niña Pastori”…yo, tirando pa mi tierra. Me dijo que no las conocía y le dije que era la música de mi tierra …Cádiz. Con una mirada cómplice nos dijo que era de La Línea de la Concepción. Y así escuchando “Cai” en la voz de Niña Pastori, nos encontrábamos tres personas que amábamos nuestra tierra, sentados a la puerta de un pequeño bar en el sur de Francia. Tres personas que se sienten españoles, andaluces y gaditanos, aunque solo uno tenga pasaporte español, otro nunca lo haya tenido y otro lo cambiara por el francés.

Que pequeño y mágico es este mundo.

Niña Pastori – Cai

El barreño.

Esta mañana, con mi taza de té en mano, echo un vistazo a Pinterest y me encuentro con una foto que me transporta rápidamente a mi infancia.

Los veranos solíamos ir a visitar a mis abuelos paternos. Vivían en un pequeñísimo pueblo minero de la sierra de Huelva. Aún, hoy día, suelo ir con mi padre para visitar a mis tíos y primas.

Mi padre viene de una familia muy humilde, pero dónde nunca ha faltado un buen jamón y olorosos quesos. Es lo que tenían estos pueblos mineros, no había baños pero las despensas estaban siempre repletas. Es como si las prioridades cambiasen dependiendo de donde vives. En sitios más urbanizados cambiamos los jamones por baños, coches, etc. Entiéndeme, es una forma de hablar para intentar explicar por escrito los diferentes tipos de riqueza.

Esos veranos, en los aspectos más íntimos, eran para mí una pesadilla. Yo no venía de una gran ciudad, aunque mis tíos y primas así lo veían, pero en casa teníamos baño y con el tiempo, hasta pestillo. Creo que lo del pestillo fue consecuencia de las temporadas de vacaciones que pasábamos allí.

Hoy, al ver esa foto, no he sentido el pudor que recordaba sentir en los momentos en los que, una abuela pequeñita pero con mucho nervio, nos metía a mis dos primas y a mí, en un barreño exactamente igual al de la foto, y a ojos de quién pudiera pasar. Hoy, al ver esa foto, lo he recordado con mucha ternura y felicidad.

Hay momentos en los que somos tan inmensamente ricos, que no nos damos ni cuenta…

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Comunicación

Siempre he pensado que leemos e interpretamos según nuestro estado emocional de ese preciso momento. Incluso si leemos un mismo libro en diferentes etapas de nuestra vida, descubriremos nuevas cosas e interpretaremos de forma diferente otras. En la literatura esto no está nada mal, ya que una misma historia, la escrita por el autor, podrá llegar y emocionar a millones de diferentes lectores.

La comunicación entre personas es muy importante, no podemos dejar a la interpretación unas palabras escritas en un mensaje de texto, por muy bonitas que sean. Y no podemos dejar, a la interpretación de una emoción o estado de ánimo, un simple emoticono. Eso sería como dejarlos a su suerte, o lo que es lo mismo, dejarlos al estado emocional en el que se eencuentre nuestro receptor. La palabra no es bonita por sí sola, la palabra es bonita por su entonación y lenguaje corporal que hacen que, cada palabra, tenga más de un significado. Un mensaje de texto está muy bien para informar de algo, no para comunicarte.

La palabra escrita es muy bonita en los libros y, sobre todo, era preciosa en esa época que, por falta de teléfonos, se escribían esas cartas de amor. Escribir es fácil, decir eso mismo, mirando a la persona a los ojos, no lo es tanto. Hay que ser muy valiente.

Este vídeo nos muestra, de forma muy sencilla, la importancia de la comunicación personal y física.

Yo tb tq

 

 

 

Suplantación de identidad.

Hace un par de semanas, me entró por el privado de Instagram, el mismísimo Matt Bomer. Lo vi algo totalmente natural, ¿qué otra cosa puede hacer un padre de familia, conocido actor estadounidense y uno de los hombres más guapos que existen en el planeta?

 

Era tal mi ilusión, que volví a verme con mi carpeta de instituto, llena de fotos de mis cantantes y actores favoritos. Pero esta vez era distinto… ¡Matt Bomer quería conocerme, saber de mí!. Esto también lo vi totalmente normal, teniendo en cuenta que soy una mujer muy interesante y mundialmente conocida, si por lo de “mundial” entendemos, el radio de 20km en el que me muevo en mi día a día.

Los días iban pasando y nuestro vínculo de amistad era cada vez más fuerte… pronto estaría tomando un avión a los Ángeles, para visitarlo a él y a su marido Simon, y poder conocer a sus tres pequeñines. Todo era perfecto y la diferencia horaria no era un impedimento para hablar. De la noche a la mañana, era la mejor amiga de mi admirado Matt Bomer… un sueño. Bueno, vale…mentí en algunas cosillas sin importancia.

 

 

Las conversaciones se centraban sobre todo en mí, cosa que me halagaba bastante. Y yo solo quería saber cosas de él, a las cuales, si podía, no respondía o tardaba mucho en contestar. Eso también era normal, pues seguro que yo no era la única fan con la que hablaba en esa cuenta especial que había creado con ese fin. Ya se sabe que no hay que mezclar el trabajo con las amistades. También pensé que quizás tardaba en contestar porque con todas las cosas que tendría en la cabeza una persona tan importante como él, no sería de extrañar tener que recurrir a google para que te recordase, cuantos años llevaba casado, cuales eran sus próximos proyectos o a que eventos había acudido.

 

 

 

Y así, sin esperarlo y después de dos semanas charlando (en mi tierra decimos marear la perdiz), y mostrando él, más paciencia que el Santo Job… por fin se atrevió a hablarme de su proyecto privado para un orfanato. Creí que nunca llegaría el día, que me abriese su gran corazón… solidario.

 

 

 

Me imagino, que cuando se trata de ayudar a los niños, uno puede empezar a perder la paciencia y claro… yo empiezo a ponerme de un rubio muy platino.

 

 

 

He intentado tomarme toda esta historia con el mejor sentido de humor posible, porque no voy a dejar que personas despreciables como la que se esconde detrás de este tipo de cuentas me agrien el corazón. Pero es muy triste el pensar, que habrá personas buenas e inocentes que caerán en semejante farsa.

Todas las ONG tienen cuentas oficiales, y si algún actor o personaje conocido, quiere pedir donaciones para algún fin… seguro que lo hará públicamente y no en privado.

P.D. Porque soñar es gratis y sobre todo es bonito, seguiré soñando que el verdadero Matt Bomer y yo… algún día, seremos grandes amigos. ❤️ 👫

 

Sociedad… libérame de tus ataduras.

La huelga es un derecho que todos los ciudadanos pueden ejercer y la cual, como tal, respeto. Personalmente hoy no trabajo, porque da la casualidad que es mi día libre, pero estoy totalmente a favor, faltaría más, del derecho de igualdad entre hombres y mujeres. Afortunadamente en la empresa que trabajo, no tenemos ese problema, a igual puesto de trabajo igual sueldo, e igual oportunidades en el ámbito laboral, como bien dicta la Constitución española y el artículo 28 del Estatuto de los Trabajadores.

De verdad que no quiero polemizar con este tema, porque ya bastante polémica hay. Desgraciadamente, esta sociedad en la vivimos es muy manipulable y tendemos a dejarnos distraer con facilidad. Hoy 8 de Marzo, se celebra el día de la mujer, pero el día de la mujer trabajadora, o al menos así era hasta ahora. Creo que todo el mundo sabrá el origen de este día, y si hay alguien que no lo sepa, solo debe hacer una búsqueda en google y sus dudas quedaran resueltas. En este día se reivindica la igualdad entre hombres y mujeres en el ámbito laboral. Como ya mencioné anteriormente dicho derecho y dicha igualdad está recogido en la constitución y en el estatuto de los trabajadores. Parece que ante la ley somos iguales (por lo menos en este aspecto concreto), pero no ante la sociedad.

A los hombres, les agradezco sus buenas palabras y su apoyo verbal, sobre todo a través de las redes sociales o en el bar de turno. Pero a esos, hombres, compañeros de trabjo que sabiendo de esa injustucia salarial, van a los juzgados como testigo de dicha injusticia, sumandose así a esa denuncia formal, con el consecuente peligro de ser ellos mismos también despedidos… a esos hombres les deseo, que por favor no se mueran nunca.

En el día de hoy, muestro mis respetos ante esta huelga, pero sobre todo mi admiración hoy y siempre por esas mujeres, valientes, que denuncian ante la ley y los jueces, estas discrepancias en el ámbito laboral, sin temor a ser despedidas. Mujer, la ley te ampara, la sociedad no tanto, tú y solo tú puedes cambiar tu presente y tu futuro.