Soledad

Eran las tres y nueve minutos de la madrugada cuando llamaron a la puerta. Nadie llama a esa hora para decir que te ha tocado la lotería, seguro eran malas noticias. Me levanté y recorrí el camino hacia la puerta descalza y a oscuras. Intenté mirar por la mirilla, pero todo estaba negro. Un aire frío comenzó a filtrarse por debajo de la puerta y helaba mis pies desnudos. Esta vez venía a por mi, no tenía la menor duda. Mi peor pesadilla se había cumplido.

Reto 5 líneas.

 

 

 

 

 

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Y tú, ¿de dónde eres?

Hace unos días conocí a una persona de 54 años que hacía más de 30 años que vivía en Francia. Dueño de un bar pequeñito, pero con mucho encanto y alma, mas tarde charlando con él, descubriría el por qué.

Durante nuestra estancia en ese maravilloso pueblo, solíamos frecuentar este pequeño bar llamado “La Luna”. Puede ser que de primera me atrajera el nombre (parece que es poner un pie fuera de tu país para que todo te recuerde a él), o quizás hay personas a las que estas destinado a conocer. Ya el primer día que fuimos nos pareció un tío muy majo, lleno de tatuajes, el pelo algo largo, completamente blanco, un pendiente, los dedos llenos de anillos, de mirada y sonrisa amable y sincera. Le encantaba poner diferentes estilos musicales desde su propio ordenador y hacer búsquedas de las canciones que le pedían. Nuestra comunicación fue bastante breve, ya que desafortunadamente no hablo francés (algo que me he propuesto corregir) y él no hablaba inglés (el idioma universal por excelencia).

Una noche en la que no tenía mucho trabajo, salió del bar para fumar un cigarrillo. Mi marido y yo nos encontrábamos sentados fuera en una de las dos pequeñas mesitas que tenía junto a la puerta, tomándonos la copa que previamente nos había servido, mientras charlábamos en español. Se acercó a nosotros sonriente, como de costumbre y nos dijo con acento francés a lo Jean Reno cuando habla español: “¿Hablas español?”. Mi marido y yo nos miramos y comenzamos a reírnos, llevábamos una semana hablando por señas con este hombre. Nuestra sorpresa fue en aumento cuando nos dijo que él también era español… y lo decía con orgullo (tanto, que tenía tatuado en el pecho un toro), aunque ya casi no recordase el idioma español. Lo siguiente que nos preguntó es si conocíamos a la “Niña de Antequera”, lo miré extrañada y asombrada. Entró al bar y la puso a todo volumen, tras una canción le siguió Joselito y yo ya pensé, que se había bajado la discografía entera de Cine de Barrio. Entré al bar con la intención de decirle que todo eso era muy antiguo, de la época de mi abuela, pero al ver las lágrimas en sus ojos, entendí que eso él ya lo sabía. Me miró y con la mano en el corazón dijo en un español ya olvidado por el tiempo: “Gusta mucho”.

Nos dijo, que para él oír esos temas, era como ver a su abuela y a sus padres, y que en un año volvería a España. No sé por qué pensé, que quizás lo lleva diciendo demasiados años. Intentaba explicar las emociones que la música le transmitía y cuando el poco español que recordaba no era bastante para poder expresarse nos decía: “terrible, es terrible olvido español”. A veces, con solo ver a una persona escuchar una música que realmente le gusta, le llega y le llena el alma, no hace faltan palabras. La música sí es el idioma universal.

Me había contagiado de tal modo la nostalgia que sentía, que le pedí me pusiera algo de “Chambao” y “Niña Pastori”…yo, tirando pa mi tierra. Me dijo que no las conocía y le dije que era la música de mi tierra …Cádiz. Con una mirada cómplice nos dijo que era de La Línea de la Concepción. Y así escuchando “Cai” en la voz de Niña Pastori, nos encontrábamos tres personas que amábamos nuestra tierra, sentados a la puerta de un pequeño bar en el sur de Francia. Tres personas que se sienten españoles, andaluces y gaditanos, aunque solo uno tenga pasaporte español, otro nunca lo haya tenido y otro lo cambiara por el francés.

Que pequeño y mágico es este mundo.

Niña Pastori – Cai

Los zapatos de mi madre.

¡Hola Mamá!

Hace un par de mañanas, mientras buscaba en un cajón, una foto tipo carnet para renovar el pasaporte, encontré esta foto. No era la única, había algunas más. Fotos que traje de casa de papá a los pocos días que decidieras, que ya no querías sufrir más. Las guardé en el cajón del olvido, como cuando guardas algo que no quieres perder y terminas sin recordar donde lo pusiste. Esas fotos, que duelen al verlas, cuando la herida es reciente pero que a medida que pasa el tiempo y, de forma inesperada, como si el azar o el destino marcaran el ritmo en el que has de volver a encontrarte con ellas, te llenan de una triste felicidad. Triste porque me gustaría poder recordar ese día. El sonido de las palomas, el olor de las flores, el suave tacto de tu pelo. Y de felicidad porque, aunque no los tengo en mi memoria, son momentos que he vivido y compartido contigo.

P.D. Ahora entiendo el porqué me gustan tanto los zapatos.

Duerme pequeño…

El pequeño Ernesto abre la puerta sigilosamente. Desde que llegó al centro de acogida, todas las noches sale de su habitación a la misma hora. El recuerdo de su padre despidiéndose de él, lo lleva a querer escapar y recorrer las calles en su busca. Le prometió que se curaría, que pronto volvería a por él y lo llevaría a pescar. Hoy, es un día especial, es su cumpleaños y quiere celebrarlo con papá. Al despuntar el alba, las olas del río, mecen a un niño que duerme feliz.

 

Reto 5 líneas.

El barreño.

Esta mañana, con mi taza de té en mano, echo un vistazo a Pinterest y me encuentro con una foto que me transporta rápidamente a mi infancia.

Los veranos solíamos ir a visitar a mis abuelos paternos. Vivían en un pequeñísimo pueblo minero de la sierra de Huelva. Aún, hoy día, suelo ir con mi padre para visitar a mis tíos y primas.

Mi padre viene de una familia muy humilde, pero dónde nunca ha faltado un buen jamón y olorosos quesos. Es lo que tenían estos pueblos mineros, no había baños pero las despensas estaban siempre repletas. Es como si las prioridades cambiasen dependiendo de donde vives. En sitios más urbanizados cambiamos los jamones por baños, coches, etc. Entiéndeme, es una forma de hablar para intentar explicar por escrito los diferentes tipos de riqueza.

Esos veranos, en los aspectos más íntimos, eran para mí una pesadilla. Yo no venía de una gran ciudad, aunque mis tíos y primas así lo veían, pero en casa teníamos baño y con el tiempo, hasta pestillo. Creo que lo del pestillo fue consecuencia de las temporadas de vacaciones que pasábamos allí.

Hoy, al ver esa foto, no he sentido el pudor que recordaba sentir en los momentos en los que, una abuela pequeñita pero con mucho nervio, nos metía a mis dos primas y a mí, en un barreño exactamente igual al de la foto, y a ojos de quién pudiera pasar. Hoy, al ver esa foto, lo he recordado con mucha ternura y felicidad.

Hay momentos en los que somos tan inmensamente ricos, que no nos damos ni cuenta…

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Comunicación

Siempre he pensado que leemos e interpretamos según nuestro estado emocional de ese preciso momento. Incluso si leemos un mismo libro en diferentes etapas de nuestra vida, descubriremos nuevas cosas e interpretaremos de forma diferente otras. En la literatura esto no está nada mal, ya que una misma historia, la escrita por el autor, podrá llegar y emocionar a millones de diferentes lectores.

La comunicación entre personas es muy importante, no podemos dejar a la interpretación unas palabras escritas en un mensaje de texto, por muy bonitas que sean. Y no podemos dejar, a la interpretación de una emoción o estado de ánimo, un simple emoticono. Eso sería como dejarlos a su suerte, o lo que es lo mismo, dejarlos al estado emocional en el que se eencuentre nuestro receptor. La palabra no es bonita por sí sola, la palabra es bonita por su entonación y lenguaje corporal que hacen que, cada palabra, tenga más de un significado. Un mensaje de texto está muy bien para informar de algo, no para comunicarte.

La palabra escrita es muy bonita en los libros y, sobre todo, era preciosa en esa época que, por falta de teléfonos, se escribían esas cartas de amor. Escribir es fácil, decir eso mismo, mirando a la persona a los ojos, no lo es tanto. Hay que ser muy valiente.

Este vídeo nos muestra, de forma muy sencilla, la importancia de la comunicación personal y física.

Yo tb tq

 

 

 

Ley de dependencia

Manuel, esperaba sentado en el sillón que había junto a la cama.  El sonido de la bomba de oxígeno, recordaba al de una pecera, era el único sonido en la habitación 433 desde hacía más de dos meses. Llamaron a la puerta. Una mujer, elegantemente vestida, tomó asiento frente a él. Carpeta en mano empezó a preguntar, y sin obtener respuestas rellenaba el cuestionario. Seguro que una sola mirada le hubiese bastado, pero Manuel comprendía que ella tenía que hacer su trabajo.

(Reto 5 líneas)