Escritos de mamá

“En el otoño de la vida las cosas seven de otra manera ya piensas que te queda poco que no tendras tiempo suficiente para ver la alegria detus nietas la felicidad dever a toda la familia reunida la de poder ver a tus hijos cada uno en sus vidas la musica el gran amor demi vida la naturaleza el mar un pajarito una flor”.

“Queno me falte la vista Santa Lucia vendita que quiero ver a diario la carita demis niñas el brillito de sus ojos la sonrisa deslumbrante que ami eso meda vida”.

“Dame amor que lo deseo dame vida detu vida que quiero vivir contigo palos resto demi vida”.

 

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Los zapatos de mi madre.

¡Hola Mamá!

Hace un par de mañanas, mientras buscaba en un cajón, una foto tipo carnet para renovar el pasaporte, encontré esta foto. No era la única, había algunas más. Fotos que traje de casa de papá a los pocos días que decidieras, que ya no querías sufrir más. Las guardé en el cajón del olvido, como cuando guardas algo que no quieres perder y terminas sin recordar donde lo pusiste. Esas fotos, que duelen al verlas, cuando la herida es reciente pero que a medida que pasa el tiempo y, de forma inesperada, como si el azar o el destino marcaran el ritmo en el que has de volver a encontrarte con ellas, te llenan de una triste felicidad. Triste porque me gustaría poder recordar ese día. El sonido de las palomas, el olor de las flores, el suave tacto de tu pelo. Y de felicidad porque, aunque no los tengo en mi memoria, son momentos que he vivido y compartido contigo.

P.D. Ahora entiendo el porqué me gustan tanto los zapatos.

El olor de una madre

Esta mañana me he despertado con un olor de mi niñez. Diría que olía a la masa de pestiños que hacías por Navidad, pero realmente olían a ti, a como tú olías en esta época del año.

El olor me transportó, a ese último día de colegio, cuando al regresar, corriendo subía las escaleras de casa. Me recibías en la puerta, esperando tus dos besos, con las manos llenas de harina y tu delantal puesto. Dejaba los libros en la habitación, me quitaba el uniforme y ya con mi pijama favorito puesto, volvía a la cocina para llenarme las manos de masa.

Si tuviera que escoger un solo día de todos los maravillosos días que me regalaste, sin dudarlo sería este. Me guardabas mi trocito de masa, para que mientras tú extendías el resto, yo aprendiera a amasarla.

Te preguntaba la hora y siempre me decías; “es la hora de ser feliz” y yo impaciente, lo que quería saber era, si papá estaba ya por venir. Mi felicidad era completa cuando escuchaba la llave en la puerta y corría veloz, con mis manos llenas de masa y mi sonrisa puesta.

Llegaba el momento de dar forma a los pestiños. Yo hacía círculos en la masa ayudándome de un vaso y tú, delicadamente, te esmerabas en doblarlos. Papá se encargaba de freírlos en aceite y ya una vez fríos, nos poníamos los tres a melarlos.

Nunca supe quién de los dos empezaba a tararear primero, pero lo que sí sé es, que me encantaba oíros cantar… Los Campanilleros

 

 

 

 

 

Dicen…

Dicen que el primer año es el más duro, el que más cuesta.

Dicen que con el tiempo se sobrelleva mejor.

Dicen que allá donde estés, nos estarás cuidando.

Dicen que mañana todo será mejor.

Dicen que si miro al cielo podré verte.

Digo que hay una estrella que tiene tu mismo olor.

Dicen que ya no te duele nada.

Digo que ya eres feliz con tu padre y hermana.

Dicen que nos queda el recuerdo.

Digo que nos queda tu amor, que el olvido no existe, si te llevamos en el corazón.

Carta a Mamá (14 de Septiembre)

Hola Mamá!

Ya a estas horas le estarías diciendo a papá…”Campillo dame el teléfono que es el cumpleaños de mi rubita”. A lo que él contestaría, aún es temprano, estará durmiendo, llama un poco más tarde. Pero no, la impaciencia siempre te podía, ahora sé de quién la heredé.

Y sonaba el teléfono y ya antes de contestar, sabía que eras tú…”Felicidades mi rubita,¿cuántos son ya?…¿tantos?, te has tenido que equivocar, no puede ser”. Entre risas yo siempre te respondía: “que no mamá que soy del 71, haz las cuentas”. Supongo que de algún modo lo que no querías es que creciera. Después venía ese; “espera que tu padre te quiere decir algo”, le cedías el teléfono a papá y él nunca decía nada… él siempre me lo cantaba y se podía notar la emoción en su voz y eso siempre hacía que alguna lágrima resbalara. A los 10 minutos ya estaba en vuestra casa para desayunar con vosotros y recibir los tímidos besos de mi padre y bueno… los besos que solo sabe dar una madre.

Hoy, aún no ha sonado el teléfono, quizás lo haga más tarde… sé que este año no me lo cantará, yo tampoco tendré fuerzas para escuchar. Lo que sí haré es vestirme e ir en su busca para abrazarlo y desayunar con él.

Es demasiado triste cumplir años, sí la mujer que me dio la vida ya no está.

Te quiero Mamá.

 

Carta a Mamá

Hola Mamá!

Seguro que ya has felicitado a Papá, quizás con algún poema o quizás con una canción…pero seguro que en ambos casos, irán acompañados por un beso de amor.

Si durante estos siete meses, has estado todos los días presente, hoy sin duda lo estarás más. Traerás lágrimas a nuestros ojos en momentos que deberían ser de felicidad, lágrimas que tragarémos hasta que no se puedan aguantar mas.

Parece que cada día ya me dueles menos, y sin embargo te recuerdo más…pero sé que a Papá aún le dueles en el alma, pues el tiempo para él ya no es igual.

Ahora, le llegan las aceptaciones, aceptar que ya no estás.

Ahora, le llegan las resignaciones, resignarse a vivir sin ti en el mismo hogar.

Ahora que ya no estás, nos damos cuenta que aún siendo a ti a quien él tenía que cuidar…eras tú la que lo cuidaba sin parar.

Mamá, hoy será un día triste…aunque celebremos el cumpleaños de Papá.