Soledad

Eran las tres y nueve minutos de la madrugada cuando llamaron a la puerta. Nadie llama a esa hora para decir que te ha tocado la lotería, seguro eran malas noticias. Me levanté y recorrí el camino hacia la puerta descalza y a oscuras. Intenté mirar por la mirilla, pero todo estaba negro. Un aire frío comenzó a filtrarse por debajo de la puerta y helaba mis pies desnudos. Esta vez venía a por mi, no tenía la menor duda. Mi peor pesadilla se había cumplido.

Reto 5 líneas.

 

 

 

 

 

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Los zapatos de mi madre.

¡Hola Mamá!

Hace un par de mañanas, mientras buscaba en un cajón, una foto tipo carnet para renovar el pasaporte, encontré esta foto. No era la única, había algunas más. Fotos que traje de casa de papá a los pocos días que decidieras, que ya no querías sufrir más. Las guardé en el cajón del olvido, como cuando guardas algo que no quieres perder y terminas sin recordar donde lo pusiste. Esas fotos, que duelen al verlas, cuando la herida es reciente pero que a medida que pasa el tiempo y, de forma inesperada, como si el azar o el destino marcaran el ritmo en el que has de volver a encontrarte con ellas, te llenan de una triste felicidad. Triste porque me gustaría poder recordar ese día. El sonido de las palomas, el olor de las flores, el suave tacto de tu pelo. Y de felicidad porque, aunque no los tengo en mi memoria, son momentos que he vivido y compartido contigo.

P.D. Ahora entiendo el porqué me gustan tanto los zapatos.

Duerme pequeño…

El pequeño Ernesto abre la puerta sigilosamente. Desde que llegó al centro de acogida, todas las noches sale de su habitación a la misma hora. El recuerdo de su padre despidiéndose de él, lo lleva a querer escapar y recorrer las calles en su busca. Le prometió que se curaría, que pronto volvería a por él y lo llevaría a pescar. Hoy, es un día especial, es su cumpleaños y quiere celebrarlo con papá. Al despuntar el alba, las olas del río, mecen a un niño que duerme feliz.

 

Reto 5 líneas.

Ley de dependencia

Manuel, esperaba sentado en el sillón que había junto a la cama.  El sonido de la bomba de oxígeno, recordaba al de una pecera, era el único sonido en la habitación 433 desde hacía más de dos meses. Llamaron a la puerta. Una mujer, elegantemente vestida, tomó asiento frente a él. Carpeta en mano empezó a preguntar, y sin obtener respuestas rellenaba el cuestionario. Seguro que una sola mirada le hubiese bastado, pero Manuel comprendía que ella tenía que hacer su trabajo.

(Reto 5 líneas)

Primer Amor

Tal y como llevaba haciendo los últimos tres meses, entró al parque y se ocultó tras unos árboles próximos al banco donde ella solía sentarse. Tras casi una hora de espera, desilusionado y hambriento, volvió a su casa. Su padre preparaba una cena especial, hoy le presentaría a su nueva novia y él no tenía ni pizca de ganas de conocer a esa señora. Pocos minutos más tarde llaman a la puerta, «seguro que es ella», pensó fastidiado mientras abría. Y allí de pie, con una leve sonrisa… se encontraba ella.

 

Reto 5 líneas

Esperando…

Cuando despierto en la mañana, no recuerdo tu nombre. Sé que he soñado contigo, de otro modo no entendería, el desbocado latir de mi corazón. No puedo olerte, no puedo verte ni tocarte, como si de una terrible pesadilla se tratase. Deambulo durante el día, esperando que caiga la noche y con ella vuelva tu olor, tu cuerpo… tu nombre. Sorprendente giro del destino, que de tanto amarnos a plena luz del día, hoy, le falten horas a la noche.

 

(Participando en el Reto 5 líneas )

 

Basado en hechos reales…

Llegamos al B&B y somos recibidos, como no podía ser de otra forma, por el propio dueño, Carlos. Su vistosa esposa, una mujer rubia de pelo alborotado, ojos azules y aunque entrada en años, mi marido y yo coincidimos en que aún era bastante atractiva, salió de la cocina para darnos un par de besos. Por un momento tuve la sensación de estar llegando a casa de mi prima para pasar un par de días.

Carlos nos muestra nuestra habitación en la planta superior, la cual, es entera para nosotros. Una habitación impecable, el pasillo que separa la habitación del baño, ha sido transformado en una zona de lectura, con estanterías hasta el techo repletas de libros y que da acceso a una preciosa terraza llena de macetones con plantas. El cuarto de baño está equipado con todo lo que una mujer pueda desear; bañera de hidromasaje, sanitarios modernos, albornoces, zapatillas, todo tipo de aceites, geles, cremas, velas aromáticas… el paraíso.

Lástima de no poder disponer de más días, pues el lugar bien lo merece. Dejamos la única bolsa que hemos traído, solo vamos a pasar una noche, en la habitación y bajamos con la intención de salir a tomar unas tapas y pasear por la ciudad antes de asistir a la exposición de Van Gogh, que tiene lugar en el pabellón de la navegación de la expo de Sevilla.

Carlos, un italiano que conoce Sevilla y sobre todo el barrio de Triana como la palma de su mano, nos indica los mejores sitios donde tapear y algunas cosas interesantes de ver. Le agradecemos la información tan detallada que nos ha dado y justo antes de salir nos vuelve a llamar.

—Otra cosita, si sobre la media noche, aún estáis por la calle, muy cerquita de aquí podréis encontrar “Casa La Anselma”. Un lugar curioso que abre a partir de la media noche. Dejad que os haga un pequeño mapa, ya que el lugar no tiene letrero ni nada, pero si preguntáis… cualquiera os dirá donde está porque es muy conocido.

Le agradecemos de nuevo su amabilidad e interés para que pasemos una gran noche y nos vamos a recorrer las calles de Triana… y sus bares. No paramos de hablar de lo realmente amables que han sido los dueños del alojamiento. Ambos de aspecto algo bohemio, con una educación y cultura, que solo la gran escuela que es la vida te puede dar.

Cae la noche. Si una ciudad es bonita de día, de noche se vuelve mágica… como bien decía Van Gogh:

« A menudo pienso que la noche está más viva y más rica de colores que el día. »

Nos dejamos envolver, durante casi una hora y media, en la magia de la música clásica y la obra de Van Gogh, incluida sus letras… porque para mí, también era poeta.

El día ha sido perfecto y la noche tiene planes de superarse. Cena junto al río y copas… muchas copas. De camino a nuestro alojamiento las calles están completamente vacías, supongo que es lo normal un martes del mes de Febrero. Saco el móvil para ver que hora es y cae un papel doblado al suelo.

—Mira, el mapa que nos hizo Carlos para que encontráramos ese sitio misterioso.

—Curioso, dijo sitio curioso.

—Ya, pero no me negarás, que el echo que abra solo a partir de la media noche, no le da cierto halo de misterio, ¿no?

—Solo hay una forma de averiguarlo… y ya es casi media noche —dice mi marido con acento y gestos vampíricos.

 

Callejeamos durante algunos minutos, intentando seguir las instrucciones del mapa, y esperemos que sea fiable, porque eso de preguntar a cualquiera… no nos hemos tropezado con nadie. Los bares están ya todos cerrados, el frío empieza a calarnos los huesos y cuando ya nos vamos a dar por vencidos e irnos a dormir calentitos y acurrucados, al girarnos para dar media vuelta, nos encontramos de cara con otra pareja. Me dieron ganas de gritar de alegría…”¡humanos, humanos! Casualmente… o no, iban buscando el mismo lugar que nosotros y parece ser, que estábamos justo frente a él.

Miramos la gran fachada por todos lados, no encontramos nada que nos indicara que era el sitio correcto. Esta otra pareja, argentinos ellos, nos decían que sí, que era ahí que ya habían estado antes. Eso, de alguna forma me tranquilizó, pues toda esta “extraña” situación, me estaba poniendo un pelín nerviosa. No logramos que nos dijeran gran cosa de lo que realmente pasaba ahí dentro, solo que si nos gustaba el flamenco, nos iba a encantar. ¿Toda esta intriga, suspense e imaginación mía para un tablao flamenco?

Vemos que se acerca una pareja más… bien, ya somos 6, realmente van a hacer el Agosto con nosotros esta noche. Están tan desorientados como nosotros, pero no sé por qué, actúo como que ya he estado allí antes y sigo un poco el rollo a los argentinos.

Cinco minutos más tarde, cuando pasan 15 minutos de la media noche, aparece un coche, el primer coche que vemos pasar desde que tomamos la última copa junto al río. Para frente a nosotros y se baja una señora que no volverá a cumplir los 80 años. El argentino y el recién llegado, se acercan presurosos para ayudarla a bajar, algo me dice, que la señora Anselma… acaba de llegar y que los únicos que no saben de lo que realmente va la cosa, somos mi marido y yo. Nos miramos y me dice al oído… esto me recuerda un poco a la peli esa de “Abierto hasta el amanecer”. Yo ante mi ataque de pñanico inminente le digo… sí, y acaba de llegar tu Salma Hayek. Ambos empezamos a descojonarnos de la risa, quizás intentando de camuflar el miedo, por no llorar o por los efectos del alcohol, no lo sabemos. La señora nos mira, nos pregunta de donde somos y escuchamos como se abren las persianas de hierro que cerraban la puerta de la casa, ¿quién la ha abierto?

Amablemente me pide que entre la primera, dudo unos segundos, miro a mi marido y alguien abre la puerta de madera desde el interior. Entramos las tres parejas, la señora nos indica donde debemos sentarnos y nos dice que esta noche no habrá mucha gente. El lugar no es muy grande, tiene una pequeña barra de bar y tras ella una mujer de unos 50 y largos años, nos saluda con la cabeza. Las paredes están llenas de fotos, de todo aquél que haya pasado por allí y las sillas de madera, hacen una especie de semi-círculo.

De pronto empieza a entrar gente y más gente, eso en cierto modo me relaja… y no sé por qué, porque tampoco los conozco. Una vez todos sentados, con nuestras copas en la mano, los músicos preparados, las puertas cerradas y la señora Anselma en el centro… se apagan las luces.