Faros Costa Da Morte

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Roma

Mi primera noche en Roma, no conozco a nadie, pero eso no me detiene para decidir dejar las maletas en la pensión donde me alojo e ir a buscar algún sitio para cenar.

Camino por sus calles empedradas, poco iluminadas y pienso que estoy rodeada de historia…estoy impaciente por visitar todos y cada uno de los sitios que llevo apuntados en mi agenda, sobre todo uno.

Comienza a llover y corro para refugiarme en el primer restaurante que encuentro, es una taberna pequeña familiar, con mesas de madera rústica. Tomo asiento y me toman nota de lo que quiero cenar. Mientras espero y ojeo mi pequeño diccionario de Italiano, noto como alguien me observa desde la mesa del fondo del restaurante. Levanto la mirada y veo como comienza a caminar hacia mi…no me preguntéis, el por qué lo imagino vestido de gladiador, quizás por su piel morena, sus largas piernas, su pelo negro peinado hacia delante, simulando un pequeño flequillo…o su nariz típica romana.

El gladiador toma asiento frente a mi, y ahora puedo ver que sus ojos son tan negros como su pelo, con unas pestañas largas y pobladas. Si ahora me dice que se llama Espartaco, moriré de amor…pero no, se llama Marcus. Me acompaña durante la cena, y me pregunta por el motivo de mi viaje, me tiene tan hipnotizada , que casi le digo: Tú, tú eres el motivo de mi viaje. Al final, logro decirle que soy una apasionada de la lectura y que me encanta viajar, así que nada más terminar el libro de Ángeles y Demonios de Dan Brown, decidí que tenía que conocer “in-situ” todos los lugares que se describian en el. Me sonríe, y me da la impresión de que sin haberlo pedido, había llegado el postre…

Me acompaña hasta la pensión y antes de marchar, me dice que mañana me recogerá para mostrarme la ciudad, no la que describe Dan Brown, sino la Roma de Fellini…La dolce Vita. Me besa en la mejilla, me desea dulces sueños y se marcha…y no veo alejarse a mi gladiador, ahora veo alejarse a Marcello Mastroianni

Despierto a la mañana siguiente y no sé si todo ha sido un sueño. Al salir de la ducha, veo una nota que han dejado por debajo de la puerta…

“Vi aspetto nella caffetteria di fronte…non tardare.

Marcus.”

Conocer Roma de la mano de un romano…El Coliseo, El Foro Romano y el Palatino, El Castillo de Sant’Angelo, el barrio del Trastevere, San Pedro del Vaticano, El Panteón, La Fontana di Trevi, Piazza Navona, Piazza di Spagna, Plaza Venecia…en momentos he tenido a mi gladiador, en otros momentos a Marcello y en otros, incluso al profesor Robert Langdon.

 

Durante mi breve estancia en Roma, Marcus no se separó de mi, me cogía de la mano y juntos nos perdíamos por sus calles, entre turistas y ciudadanos. Respondía todas mis preguntas, conocía a la perfección su ciudad y su historia…y como no podía ser de otra forma, dejó para el final mi más ansiado deseo.

Durante nuestra primera conversación la noche que nos conocimos, me preguntó que era lo que más deseaba ver de Roma, mi respuesta fue rápida…”El éxtasis de Santa Teresa” de Bernini. Se sorprendió gratamente.

Nuestra última noche juntos, como ya era costumbre después de cinco días, cenamos en algún local familiar y paseamos hasta bien entrada la madrugada…nos robamos besos el uno al otro en cada esquina. Paramos de pronto delante de lo que pensé era una modesta iglesia comparada con todos los monumentos que había visitado. Ante mi cara de no saber donde estábamos sonrió, se acercó y mirándome a los ojos pronunció el nombre de la iglesia: Santa Maria della Vittoria.

Como se puede explicar lo que sientes ante tanta belleza, ahí estaba delante de mi…”El éxtasis de Santa Teresa”. Mármol tallado con tal precisión que expresa en el rostro de ella el clímax más absoluto, para algunos de dolor, para otros de gozo, para mi…la combinación perfecta de ambos.

barnini El éxtasis de teresa